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Un proyecto fallero que se convirtió en el Parque Gulliver

 02/01/2016

El 29 de diciembre de 1990 se inauguraba en Valencia un parque infantil alejado de convencionalismos, un parque original e innovador: el Parque Gulliver

Esta especie de columpio gigante, de tobogán sin fin, de parque infantil “sin manual de instrucciones, donde los niños saben lo que tienen que hacer y los padres no”, según observa Rafael Rivera, su arquitecto, acaba de cumplir 25 años.

Tal vez haya niños que desconozcan las historias de Gulliver y los habitantes de Liliput, por lo que desconocen que ellos se convierten en liliputienses cuando se introducen en ese cuerpo gigante que yace en el tramo XII del antiguo lecho del río Turia. Pero lo que si desconoce la mayoría de la gente, niños y mayores es que el Parque Gulliver tiene parte de su origen en la capacidad creadora del artista fallero Manolo Martín y del dibujante Sento Llobell, que junto al ya mencionado Rafael Rivera idearon su diseño. 

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La construcción del Parque Gulliver gira en torno a tres sistemas: uno, de técnica fallera, modelando con varetas las diferentes formas; dos, de moldes diseñados para garantizar juegos y seguridad; tres, de obra civil, con hormigón proyectado como garantía de resistencia. 

El Parque Gulliver, 25 años después, se ha convertido en un icono de Valencia, en un generador incalculable de ilusiones infantiles y en una muestra más del enorme potencial de los artistas falleros más allá de las Fallas.

 

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